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Testimonios sobre la Guerra de Malvinas

Testimonio de Ernesto Ismael Urbina

"Me siento un hombre nuevo, como si hubiera vuelto a nacer. Llegué anímicamente decaído, me emocionaba fácilmente, dolía recordar. Pero aquí me mimaron y me ayudaron tanto, que el día que me den el alta tendrán que exigirme que me vaya..."

Involuntariamente, el cabo enfermero Ernesto Ismael Urbina se ha convertido en la estrella del Hospital Naval de Puerto Belgrano. El no puede recordarlo, pero los médicos que lo atienden dicen que llegó el 2 de abril, sonriente y adormilado todavía por la anestesia. Un avión de la Fuerza Aérea lo trasladó desde Puerto Argentino inmediatamente después que le practicaron una operación abdominal que duró 3 largas horas. Urbina fue herido gravemente en el enfrentamiento con los marines en la casa del gobernador inglés, cuando corría a socorrer al capitán Pedro Edgardo Giachino.

"Elegí ser enfermero porque me gusta ayudar a la gente. Ingresé a la Marina el 2 de febrero de 1977. Ese día no lo puedo olvidar nunca, porque estaba solo y lejos de casa. En la Escuela de Mecánica de la Armada, en Buenos Aires, estuve 10 meses, y regresé a Puerto Belgrano para seguir el curso de enfermería. Aquí viven mis padres en Punta Alta, y están mis 3 hermanos mayores. Uno de ellos también es enfermero. Ahora estaba en la Base Naval de Mar del Plata, siguiendo el curso de comandos anfibios. El jueves 25 de marzo me dijeron que haríamos un ejercicio, y a las 5:30 del sábado embarcamos en aviones hasta Puerto Belgrano. El domingo zarpamos en el buque "Santísima Trinidad". A mi me designaron enfermero del grupo Techo, el que comandaba el capitán Giachino."

Con su voz pausada seguirá haciendo memoria y dará más precisiones: que desembarcaron a las 10 de la noche del 1° de abril, después de 3 días de navegación, en 21 botes de goma. Que al llegar a la playa tuvieron que sacarse el "traje seco" ( un mameluco de goma color verde, que protege la ropa ) e iniciaron la marcha divididos en 3 columnas. Que el grupo de Giachino se dirigió a la casa del gobernador.

"Giachino, el teniente Lugo y 6 hombres fueron a reconocer la parte posterior de la casa. Llegó un camión con marines, se detuvo, apagaron las luces y descendieron varios de ellos. Se abrió el fuego inmediatamente. Nosotros teníamos orden de no atacar si no recibíamos fuego primero, pero Giachino ya intercambiaba los primeros proyectiles. Yo estaba con los otros hombres a unos 200 metros de la casa. Cuando el fuego amainó, avanzamos. El teniente García Quiroga gritaba en inglés que se entregaran, y hubo cese de fuego. Pero cada 5 minutos proseguíamos para que se rindieran. Fui a marcar la zona de aterrizaje de helicópteros en una cancha de fútbol que había detrás de la casa, tal como estaba planeado, y cuando volvía empezamos a recibir fuego muy intenso. No hubo respuesta desde la casa, y el capitán Giachino decidió entrar por asalto. Momentos después cayó, alcanzado por el fuego. Yo escuché que pedía al enfermero, y comencé a bordear el cerco de lugustrines y chapas de fibrocemento que dividía el patio. Identifiqué enseguida a Giachino por su voz. Siempre se destacaba por su voz, había en ella arrojo, capacidad de mando. Traté de pasar por un boquete, donde faltaba una chapa de fibrocemento, y me sorprendieron un grupo de patos y gansos asustados por el tiroteo. No alcancé a llegar hasta una casilla de chapas, y fui alcanzado por las balas."

Tiene una mirada atenta, directa y trasunta más madurez que la que corresponde a alguien de su edad (22). Ya puede recordar sin que el dolor se vuelva insoportable, sin que la voz amenace quebrarse.

"No pude llegar a socorrer al capitán Giachino ni al teniente García Quiroga. Estuve caído varios minutos, aturdido, hasta que me tranquilicé. El dolor era terrible. El instinto me llevó a abrir mi mochila, buscar las ampollas de Demerol ( un calmante fuerte, similar a la morfina ) e inyectarme. Sabía más o menos dónde estaba herido, me abrí la ropa y me coloqué un apósito. Después de operado supe que se trataba de una herida de abdomen con salida al exterior de las vísceras. Mis compañeros recibían fuego cruzado cuando perdí el conocimiento."

El cabo enfermero Urbina permaneció en esas condiciones desde aproximadamente las 7:30 horas hasta una hora y media después. Con el cese del fuego fue trasladado al hospital de la isla y operado por el doctor Gattica, de la Fuerza de Apoyo Anfibio, y el cirujano Rosas, miembro del destructor Hércules, ayudados por el médico inglés. Cumplió rigurosamente 48 horas en terapia intensiva en el Hopital Naval, y le fue asignada la Sala de Recuperación, que todavía ocupa:

"Todos me ayudaron a superar mi eatdo emocional, fueron días difíciles. Giachino era un hombre recto, de mucha hombría, él me inscribió en el curso de comandos anfibios y fue quien me tomó el examen de ingreso. Su muerte fue un trago muy amargo."

Ansía volver a su casa de Punta Alta, y a penas su salud lo permita, retornar al curso de coamndos anfibios.

"Pero siempre seguiré siendo enfermero. Esa especialidad no la cambio por nada. En estos días he tenido mucho tiempo para recapacitar. Meditar acera de todo lo que sucedió. Jamás se me cruzó por la cabeza los momentos que tuve que afrontar, pero no estoy arrepentido; y tampoco me lamento. Ante todo, tengo en claro 2 cosas: que ése es mi camino, y que estoy aorgulloso de haber contribuido a recuperar un pedazo de tierra que siempre fue argentina. Aunque para ello haya sido necesario derramar sangre de los nuestros."

FUENTE : Revista "Gente", abril de 1982.